En espagnol et en français quelques échos du « EL PLACER DOLOROSO DE LLORAR ».

Photo de Maxime Godard le 23 janvier 1995   au  22 rue Jouffroy d’Abbans.
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BEN : …j’ai tout lu, Topor m’a offert  l’oreille de Van Gogh
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WILSON COELHO    …voy a traducirlo y publicarlo en el Brasil
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MYLÈNE BESSON: …si vivant
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DIEGO MOLDES: …brillante
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ANTONIO GARRIGUES: …los inmortales saben mucho
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ALBERT DELPY:  …plein de lumière***

JESUS DEL RIO:  …fascinante, pero me da miedo tanto ocultamiento

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GUSTAVO CHARIF desde Beluchistan(?):  …’¿Nadie puede entender?’  Éstas fueron las últimas palabras de Joyce, según su hermana Eva. Pero ella no estaba presente, y tal vez él nunca dijo esas palabras. Y, si las dijo, no se referían a Finnegans Wake sino al personal del hospital, pidiendo por su esposa o por un vaso de agua. Pero muchos prefieren las leyendas, porque no saben que la vida siempre es más rica que cualquier imaginación, y les gusta pensar en un escritor preocupado de morir sin ser entendido. No sé si existen escritores a los que les preocupe ser entendidos. Ahora que lo pienso, ser entendido nunca fue un objetivo para mí. Mi objetivo siempre fue ser claro y preciso, y pocas cosas hay que confundan más a la gente que la claridad o la precisión. Si yo tuviera que decir mis últimas palabras, diría algo claro y preciso. Diría, por ejemplo, “no, gracias”. Ahora que lo pienso, la muerte puede venir en cualquier momento, por lo que de ahora en más, por si acaso, cada vez que termine cualquier frase agregaré un “no, gracias”. De esa manera seré recordado como alguien maravilloso que dijo unas últimas palabras memorables. Era la hora mágica, y estaba escribiendo estas palabras en la mesa del bar que mira al parque de diversiones, cuando la chica que tanto me gustaba finalmente se acercó preguntándome si quería ir a una fiesta en la playa, con algunos amigos. Todo el mundo es tan predecible… ¿Qué podía yo decir? No, gracias

…etc

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…en francés y en español

EL PLACER DOLOROSO DE LLORAR

Fernando Arrabal

 

Picasso y Aragon ¡qué lejos vagan ya por el reino de los muertos! Deambulan por la zona de Alberti y Fernand Léger. Cuán prontamente se fueron distanciando de mí. Warhol, Dalí, lonesco y Beckett, desplazándose lentísimamente, se deslizan hacia los confines de la memoria formando otro grupo. Mi mejor amigo durante cuarenta años, Roland Topor, traspasó el 16 de abril de 1997 el rastrillo del más allá. ¡Con qué cortesía mis amigos muertos se dejan adelantar unos por otros!

Creí que no podría vivir sin ellos cuando se fueron definitivamente… ¿hacia el inmenso sol? ¿Quién se deleita ahora con tanto genio, tanta generosidad y tanto humor allá donde ronca el infinito?

[Aparece también, pero en tierra de nadie, la figura de mi padre, tan cercana y radiante, como mi modelo insuperable. Sobrevivió tras escapar a la condena a muerte y a la muerte. Cuando hace 76 años se fugó de su cautiverio desapareció, pero… para nunca más morir].

Con qué ilusión quise esconder a Topor debajo de la inmortalidad y sus venturas. Tratar de vencer a la muerte parece tan insensato. Pero en Egipto el «faraón» no moría, se reencarnaba en un dios después de su muerte. Como tampoco perecían sus cortesanos enterrados junto a él. ¿Por qué tuvo que abandonarme para siempre Topor (o Simon Leys, o Dario Fo) dejándome temblando en la soledad?

He soñado tanto con Topor desde su ocultación. Aquiles en sus sueños, trastornado por la muerte de su amigo, también veía a su querido Patroclo.

El día del entierro de Topor el llanto me impidió concluir el discurso que pronunciaba en el cementerio Montparnasse. Quizás tampoco Gilgamés pudo acabar el suyo a la muerte de su amigo. La leyenda cuenta que a fuerza de llorar consiguió hablar con su idolatrado Eabani.

El río de los llantos se llama Cocito y serpentea en la frontera del reino de los muertos. El cancerbero custodia la puerta: un perro con tres cabezas y cola de serpiente… es decir con rabo de eternidad.

La diosa de la Justicia, según Ovidio, administró un bárbaro consejo a los supervivientes del diluvio angustiados por la muerte de sus familiares: «No sollocéis. Tirad los huesos de vuestros mayores a vuestras espaldas». Pero a mí solo me consuela repetir los gestos y palabras de mi amigo y conservar la gracia muda de su último soplo.

Me siento tan próximo a Yamí: cuentan los brahmanes que, incapaz de olvidar la muerte de su amigo y hermano Yama, detuvo el tiempo. reiterando su convencimiento sin parar: «Solamente hoy ha muerto». Por ello los dioses crearon la noche para que al despertar se olvidara de la muerte de su amigo. En las tinieblas de mis noches boga a la deriva el recuerdo roto.

Los bienintencionados trataron de aliviarme entapujando incluso el instante de la muerte: «Topor murió sin darse cuenta», «sin sentirse morir», «ni siquiera dijo adiós». Prefiero a aquel personaje de Tolstoi que dijo: «En nombre de Dios dejadme morir como es debido».

Ya no se encubren las partes pudendas, pero se escamotea el fatal naufragio de la muerte. Violando reglamentos y puertas pude llegar al cuarto del hospital donde le habían enceldado tras la muerte. Pude besar aún caliente su rostro que ya nadie iba a lavar.

En Egipto a los muertos lavados, llorados, purificados, momificados, se les alimentaba simbólicamente durante años. Mi amigo Nakako y su mujer granadina Beatriz me invitaron a comer en su casa de Kyoto… con los muertos del marido. A cada uno el anfitrión le sirvió un cachito de su manjar preferido y llenó un dedal de vodka para su tío de Yamanasi aficionado a esta bebida.

Gilgamés, hace 4.000 años, combatió monstruos y toros alados, pero el huracán del dolor le bamboleó aturdido tras la muerte de su amigo. Tanto sufrió que no aceptó a la Muerte. Incluso quiso vengarse de ella. Cómo le comprendo.

Salió en busca de la yerba de la inmortalidad para resucitar a su inolvidable amigo. Se fue más allá del Lago de los Infiernos sin escuchar la voz de la razón.

Y dio con la yerba milagrosa, porque Gilgamés sabía que los dioses crearon a los hombres inmortales. Así lo cuentan todas las mitologías. Cómo me cuesta tener que aceptar que se ha ocultado ¡para siempre! Topor (o Louise Bourgeois, o Umberto Eco).

¿Por qué los dioses no le ofrecieron a Topor (o a André Breton o a Marcel Duchamp), como al panadero Adapa de Mesopotamia, la bebida de la vida eterna? La leyenda cuenta que, instigado por el dios de la ciencia Ea, el panadero rechazó el brebaje de la inmortalidad. Topor no se hubiera dejado embaucar por charlatanes.

Desgraciadamente cuando Gilgamés, de vuelta con la yerba de la inmortalidad, se arrodilló en una fuente para apagar su sed, la serpiente («el animal que muda eternamente») aprovechó un instante de descuido para robarle su precioso tesoro.

Homero también nos cuenta cómo Deméter asperjó al hijo de Metanira con una ducha de llamas purificadoras. Cuando la madre gritó asustada,  Deméter, sorprendida, dejó caer al niño en las ascuas. «Por tu locura, Metanira, tu hijo murió abrasado y no será inmortal».

La pérdida de la inmortalidad fue siempre debida a un detalle absurdo o un error ridículo (¿cuál he cometido yo para que se oculte Topor?), como la manzana de Eva. La luna diosa de la inmortalidad fue pisada por el hombre una sola vez (en 1969); sin lendemains qui chantent. Quizás el cosmonauta Armstrong (frente a la luna) hubiera querido gritar como Aquiles (frente a Ulises): «Prefiero ser esclavo a reinar en el imperio de los muertos».

La mitología nórdica construyó el artilugio que requiere mi dolor para volver a ver a Topor: «Entre la vida y la muerte, entre el cielo y la tierra… hay un puente, ¿no lo has visto? Tiene tres colores. Tú lo llamas arco iris».

Los «inmortales» se alejan de mí para subir al Cielo, al Paraíso, o al inmenso sol. Los egipcios imaginaban que los elegidos retozaban en prados de estrellas mamando eternamente el seno de la diosa Nut. Homero suponía que «la más dulce

vida» se daba en los confines de la tierra, en los Campos Elíseos. Platón creía en una Isla de Bienaventurados y Píndaro en un segundo Olimpo reservado para los mejores. Mientras que, para los más humoristas, Proteo concibió un paraíso con rebaños de focas.

Yo también oigo, como las criaturas de la Odisea, los mugidos del toro, pero también los silbidos de la serpiente. ¿Por qué tuvieron que ocultarse Topor y mis amigos? ¿Es hoy el hombre menos inmortal que nunca?

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…en français:

LE PLASIR DOULOUREUX DE PLEUREUR

Fernando Arrabal

Picasso et Aragon, comme ils errent déjà loin dans le royaume des morts ! Ils déambulent dans la région d’Alberti et de Fernand Léger. Comme ils se sont vite éloignés de moi ! Warhol, Dali, Ionesco, Beckett, en se déplaçant tout doucement, glissent vers les confins de la mémoire en formant un autre groupe. Mon meilleur ami pendant quarante ans, Roland Topor, le 16 avril 1997 a traversé la herse de l’au-delà. Avec quelle courtoisie mes amis morts se laissent-ils dépasser les uns par les autres.

J’ai cru ne pas pouvoir vivre sans eux quand ils s’en sont allés pour toujours… vers l’immense soleil? Qui se délecte maintenant de tant de génie, de tant de générosité, de tant d’humour là où ronfle l’infini?

[Bien qu’en un no man’s land la figure de mon père apparaît si proche, si radieuse, comme mon modèle inégalé. Il a survécu après avoir échappé à la peine de mort et à la mort… Quand, il y a 76 ans, il a fui sa captivité il a disparu, mais… pour ne plus jamais mourir].

Avec quel enthousiasme j’ai voulu cacher Topor sous l’immortalité et ses félicités. Tenter de vaincre la mort semble si insensé. Mais en Egypte le « pharaon » ne mourait pas. Il se réincarnait en un dieu après sa mort. Ses courtisans enterrés près de lui ne disparaissaient pas non plus. Pourquoi Topor (ou Simon Leys ou Dario Fo) a-t-il dû me quitter pour toujours, me laissant tremblant dans ma solitude?

J’ai si souvent rêvé de Topor depuis son occultation. Achille, dans ses rêves, bouleversé par la mort de son ami, voyait aussi son bien-aimé Patrocle. Le jour des funérailles de Topor mes pleurs m’ont empêché de finir le discours que j’étais en train de prononcer au cimetière Montparnasse. Gilgamesh n’a peut-être pas non plus terminé le sien à la mort de son ami. D’après la légende, à force de pleurer, il réussit à parler à son Eabani adoré.

Le fleuve des larmes est appelé Cocyte et il serpente à la frontière du royaume des morts. Le chien Cerbère en garde l’entrée : un chien à trois têtes et queue de serpent… c’est-à-dire, une queue d’éternité.

La déesse de la Justice, selon Ovide, donna un conseil barbare aux survivants du déluge, angoissés par la mort de leurs proches: « Ne sanglotez pas. Jetez les os de vos aînés derrière vous ». Mais moi, je ne me console qu’en répétant les gestes et les mots de mon ami et en conservant la grâce muette de son dernier souffle.

Je me sens si proche de Yami : les brahmanes disent que, ne pouvant oublier la mort de son ami et frère Yama, le dieu arrêta le temps en répétant sans cesse avec conviction: « C’est seulement aujourd’hui qu’il est mort ». C’est pourquoi les dieux ont créé la nuit, afin qu’à son réveil il puisse oublier la mort de son ami. Dans les ténèbres de mes nuits le souvenir brisé vogue à la dérive.

Les gens bien intentionnés ont tenté de me soulager en me cachant même l’instant de sa mort : « Topor est mort sans s’en apercevoir », « sans se sentir partir », « il n’a même pas dit adieu ». Je préfère ce personnage de Tolstoï qui a dit : « De par Dieu laissez-moi mourir comme il se doit ».

On ne cache plus les parties intimes mais on escamote le fatal naufrage de la mort. En violant règlements et portes j’ai pu accéder à la chambre de l’hôpital où, une fois occulté, on l’avait mis tel en cellule. J’ai pu embrasser son visage encore chaud que personne ne laverait plus.

En Égypte pendant des années on nourrissait symboliquement les morts lavés, purifiés, pleurés, momifiés. Mon ami Nakako et sa femme Beatriz, de Grenade, m’ont invité à manger chez eux à Kyoto… en compagnie de ses ancêtres à lui. Notre hôte a servi à chacun d’eux une petite portion de son mets préféré et a versé un doigt de vodka pour son oncle de Yamanasi, qui aimait cette boisson.

Gilgamesh, il y a 4000 ans, a combattu des monstres et des taureaux ailés, mais l’ouragan de la douleur l’a fait chanceler, hébété, à la mort de son ami. A tel point qu’il n’a pas accepté la Mort. Il a même voulu se venger d’elle. Comme je le comprends…

Il est parti à la recherche de l’immortalité pour ressusciter son inoubliable ami. Il est allé au-delà du Lac des Enfers sans écouter la voix de la raison.

Et il a trouvé l’herbe miraculeuse, car Gilgamesh savait que les dieux ont créé les hommes immortels. C’est ce que disent toutes les mythologies. Comme il m’en coûte d’accepter que Topor (ou Louise Bourgeois, ou Umberto Eco) soit occulté pour toujours !

Pourquoi les dieux n’ont-ils pas proposé à Topor (ou à André Breton, ou à Marcel Duchamp), comme ils l’ont fait au boulanger Adapa de Mésopotamie, la boisson de la vie éternelle? D’après la légende, le boulanger, poussé par le dieu de la connaissance Ea, a refusé le breuvage d’immortalité. Topor ne se serait pas laissé berner par des charlatans.

Malheureusement lorsque Gilgamesh, de retour avec l’herbe de l’immortalité, s’est agenouillé près d’une source pour étancher sa soif, le serpent, « l’animal qui mue éternellement », a profité de cet instant d’inattention pour lui dérober son précieux trésor.

Homère nous raconte aussi que Déméter aspergea le fils de Métanire d’une pluie de flammes purificatrices. Lorsque la mère poussa un cri de frayeur Déméter, de surprise, laissa l’enfant tomber dans les braises. « Àcause de ta folie, Métanire, ton fils est mort brûlé et il ne sera pas immortel ».

La perte de l’immortalité a toujours été due à un détail absurde ou à une erreur ridicule (laquelle ai-je commise pour que meure Topor ?), telle la pomme d’Ève. L’homme n’a marché qu’une seule fois sur la lune, déesse de l’immortalité (en 1969), sans lendemains qui chantent. Le cosmonaute Armstrong aurait-il voulu crier (face à la lune) comme Achille (face à Ulysse) : « Je préfère être esclave plutôt que régner sur l’empire des morts ».

La mythologie nordique a conçu le moyen que ma douleur exige pour revoir Topor : « Entre la vie et la mort, entre le ciel et la terre… il y a un pont, tu ne l’as pas vu ? Il a trois couleurs. Tu l’appelles l’arc-en-ciel ».

Les « immortels » s’éloignent de moi pour monter au Ciel, ou Paradis, ou vers l’immense soleil. Les Égyptiens imaginaient que les élus batifolaientt dans des prairies d’étoiles en tétant éternellement le sein de la déesse Nout. Homère supposait que « la plus douce vie » se trouvait au bout du monde, aux Champs Élysées. Platon croyait en une île des Bienheureux et Pindare en une deuxième Olympe réservée aux plus méritants. Tandis que, pour les plus humoristes, Protée concevait un paradis avec des troupeaux de phoques.

Moi aussi j’entends, comme les créatures de l’Odyssée, les mugissements du taureau, mais aussi les sifflements du serpent. Pourquoi Topor et mes amis ont-ils dû s’occulter ? L’homme est-il aujourd’hui moins immortel que jamais ?[Fernando Arrabal

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e

A r r a b a l e « L E F T » (Italia).


Arrabal è un giovane di ottantasei anni, ancora attivissimo, soprattuto nei teatri di tutto il mondo. Qui a San Miniato sono arrivate le sue ultime opere – “Sarah e Victor” e “Dalì vs Picasso” – ambedue con la regia di Sergio Aguirre  è ospite del Festival che l’ha premiato  il 16 agosto.

Arrabal cammina per le vie di San Miniato, in provincia di Pisa, intorno a quella data in molti l’hanno incontrato nelle strade assolate, bambini e adulti, attirati dal suo abbigliamento a dir poco singolare. Anche alcune coppie, sulle scale che scendono dal prato del duomo alla bella piazza del seminario, lo incrociano, interloquiscono con lui. Arrabal li “importuna”, si avvicina nient’affatto intimidito, è un piccolo folletto surrealista, porta gioia tra le persone, gioca con loro:

– Tu sei fidanzato de ella? – dice.

– E tu? Sei il suo amante? Vi divertite insieme?

Questi passanti, tutti italiani, sono evidentemente un po’ imbarazzati, forse anche divertiti. Qualcuno risponde, accettando la provocazione: – Sì mi sarebbe piaciuto, è un bell’uomo, ma si è sposato con questa mia amica!

Arrabal ride, e insiste: – E allora? Qual è il problema?

È uno gnomo, un Pan provocatore, non a caso nei primi anni sessanta, fu uno dei tre fondatori di un Movimento Panico che ancora si stenta a definire, insieme ad Alejandro Jodorowski e a Roland Topor.

Già lo racconta il suo vestire: ha una camicia blu, coperta di stelle, come i cieli di San Miniato, uno straccetto al collo, forse un residuo di cravatta, poi sulle spalle uno zainetto rosso. È un eterno studente in patafisica, la scienza delle soluzioni immaginarie.

Arrabal è Trascendente Satrapo dei seguaci di Alfred Jarry. È stato nominato nel 1990 a questa elevatissima carica, certo per meriti sul campo. Ha anche pantaloni stretti che gli avvolgono le due piccole gambe da pinocchietto, indossa un paio di scarpe di pelle lucida. Sulla testa, ed è la parte più evidente, ha una serie di occhiali, tre a volte quattro, delle forme più strane. Durante la giornata ne indossa anche altri e quando viene accompagnato al supermercato, si accorge di essersene dimenticato qualcuno in albergo e insiste per tornare indietro.

Nella sua follia riesce ad essere straordinario, è un artista, un uomo che ama il pensiero surreale, non a caso è stato amico di Tristan Tzara, di André Breton, di Andy Wharol, padri delle correnti più immaginifiche del XX secolo. Quando gli facciamo delle domande, lui ci risponde in modo preciso e puntuale, molto compito, ma le sue risposte sono a dir poco strane, un po’ spiazzanti: è un cappellaio matto, è difficile credergli fino in fondo. Anche quando racconta di Pirandello, uno dei suoi miti: nel 1934 ottenne il premio Nobel, due anni dopo la nascita di Arrabal. Subito dopo Pirandello fu intervistato sul futuro del teatro. Era in Sicilia, e lui aprì il braccio verso destra. Il giornalista pensò a Tripoli, che allora era colonia italiana, ma Pirandello indicava appunto Melilla, la città natale del nostro straordinario interlocutore.

– Almeno – dice Arrabal – è questo che diceva il mio amico Borges, che mi chiamava “Arrabal l’africano”. Il film che gli ho dedicato è quello che amo di più. Di sette che ne ho fatti – tutti capolavori – è quello che mi è venuto meglio.

San Miniato qualche giorno prima ha applaudito il bellissimo “L’albero di Guernica”, con una folgorante Mariangela Melato, ad interpretare una pasionaria nella guerra civile spagnola. Il film è del 1975, Franco era ancora al potere, e Arrabal era considerato una dei quattro o cinque nemici della patria più pericolosi. – In molti – ci dice ancora – hanno dichiarato di voler scrivere al generalissimo, di questo e di quello, ma l’unico che l’ha fatto davvero sono stato io, condannando la dittatura di Franco, tutto il male che ha fatto alla Spagna e alla mia famiglia in particolare.

Per questa lettera pubblica, analoga a quelle che lo stesso autore ha destinato a molti altri dittatori del XX secolo, Arrabal fu processato arrestato e condannato al carcere, con l’opposizione dei più grandi intellettuali, che si schierarono a suo favore. In testa a tutti Samuel Beckett che ne esaltò i meriti letterari: considerava il teatro di Arrabal parente stretto del suo “Aspettando Godot” e di tutto il teatro dell’assurdo.

Adesso Arrabal è un giovane di ottantasei anni, ancora attivissimo, soprattuto nei teatri di tutto il mondo. Qui a San Miniato sono arrivate le sue ultime opere – “Sarah e Victor” e “Dalì VS Picasso” – ambedue con la regia di Sergio Aguirre. Anche per questo lo intervistiamo sul qui e ora, per sapere cosa pensi dell’attuale crisi, il periodo cupo che stiamo attraversando.

La risposta, come al solito, ribalta la domanda: – Ma quale periodo cupo, mai come ora siamo stati così bene, dal punto di vista creativo e intellettuale. Del resto in tutte le epoche, anche nella Grecia classica si parlava di crisi nera, irreversibile! Quando si parla di crisi, sui giornali, ai talk show televisivi, allora io sono felice, perché è un momento di grande creatività. Dico questo soprattuto per i giovani, è come se le pagine tornassero ad essere bianche e loro hanno penne e pennelli, colori, insomma tutti gli strumenti giusti per riempirle. La società di oggi sta crollando (anche realmente: vedi il ponte di Genova!), e allora è il momento di cambiare; mi sembra che il periodo sia simile a quello che abbiamo vissuto alla metà degli anni 60, quando tutto sembrò potere rinnovarsi, anche nel teatro: caos totale, ribaltamento del pubblico, ballerine in scena nude e un poeta che depilava il pube della propria compagna…

 

Il Festival del pensiero popolare / Palio di San Rocco pellegrino è arrivato al decimo anno di vita. Quest’anno il festival era interamente dedicato a Fernando Arrabal, nove giorni di incontri, letture, improvvisazioni teatrali, spesso dedicate al teatro panico, film come “L’albero di Guernica” e spettacoli teatrali, “Dalì VS Picasso” e “Sarah & Victor”, tutto di Arrabal, con qualche escursione verso i suoi colleghi di cordata, cioè Alejandro Jodorowski e Roland Topor. Le regie, almeno quelle degli spettacoli principali, erano di Sergio Aguirre che con il Centro di Iniziative Teatrali, fondato trent’anni fa con Manola Nifosì, è stato premiato con il San Rocco 2018. Naturalmente a fianco di quello che senza dubbio è il suo poeta preferito, naturalmente Arrabal. Importanti tutti gli interpreti, ma qui si segnala Mila Moretti, la figlia del grande Mario, tra l’altro fondatore del Teatro dell’Orologio di Roma. Su di lei è stato proiettato il videoritratto, firmato Ricky Farina, che sul blog del Fatto Quotidiano ha realizzato “Mila Moretti, un’attrice pericolante”, che racconta i problemi fisici, ma anche l’eccezionale forza di questa donna, per la quale Arrabal ha scritto il suo “Sarah & Victor”.

La foto di Fernando Arrabal  in apertura è di Antonio Fernandez,

Baloutchistan (capitale Quetta)ou « Beluchistán »  (capital « Kélat »).


Chère María de França.

Dans ma dernière lettre j’ai evoqué, pour vous, le « Beluchistán » .

Malheureusement ce pays (en français Baloutchistan, Quetta sa capitale) je ne l’ai jamais visité.

Je l’ai survolé, ému, en 1963, en me rendant à  Sydney (Australie)

en un voyage aérien de trois jours.

Mon excellente et inoubliable maîtresse  des  petites classes

la « madre Mercedes »

nous apprenait des pays et des capitales qui, je ne sais pas pourquoi, n’ont pas eu de chance dans les atlas.

En règle générale elle ne s’en tenait jamais à la règle générale.

Elle nous disait que  Helsingfords  était la capitale de la Finlande

Christiania celle de Norvège

et par exemple  « Kélat »,  la capitale du « Beluchistán ».

Commencions-nous  par le conditionnel pour déboucher sur le futur?

Avec application j’avait fait, à sa demande, une carte du « Beluchistán »

avec ‘description personnelle’ (sur mon ardoise).

Les survivants de la classe de la  « mère »  peuvent surprendre aujourd’hui

en récitant « toutes » les capitales de l’Amérique Latine

y compris Tegucigalpa capitale du Honduras.

À ma grand joie, dans la rue des Dames à Paris, je viens de trouver une grande carte de l’Asie

sur le mur d’un restaurant.

‘Now’!: futur du passé composé?

querida María.

 

 

 

 

 

 

Antonio Fernández, fotógrafo.

 Photo d’Arrabal (San Miniato,Italie)

 

ANTONIO FERNANDEZ, photographe.

 

Il me ravit quand silencieux

Héritier de la vie

Et poète de la mort

Il fait tout très doucement

Très doucement dans son instantané

Très doucement pour les portraits

Donnant du temps au temps

À chaque pas et à chaque pause

Dans sa confusion tenace

« Quelle délicatesse dans les épis »

Quelle essence de l’existence

Quelle charte pour les châteaux

Quelle magie pour l’imagination

Il dédaigne la couleur

Que vienne Pan et qu’il revoie

Dépourvu de pigments

Sa quintessence en est la cause

Si le renoncement est l’ombre

Comme sa lumière éblouit

Quelle histoire pour l’Histoire

Pour un franc dramaturge

Pour un arrabal de poésie

Pour un faubourg de Paris

***

ANTONIO FERNANDEZ, fotógrafo.

 

Me encanta cuando callado

Heredero de  la vida

Y  poeta de la muerte

Lo hace todo muy despacio

Muy despacio en su instantánea,

Muy  despacio con la imagen

Muy despacio retratando

Cada paso y cada poso

Dándole tiempo al tiempo

En su terca confusión

“Qué blando con las espigas”

Qué esencia de la existencia

 

Qué casta para castillos

 

Qué magia para el magín

Desprovisto de colores

Venga el dios Pan y lo vea

De los pigmentos ninguno

Su quintaesencia es la causa

Si esta renuncia es la sombra

Cómo deslumbra su luz

Qué historia para la Historia

Para un franco dramaturgo

Para un arrabal  de  poesía

Para un « faubourg »  de París.

 

 

 

 

Le Prix Nobel Gao Xingjian près de la maison de Jean Cocteau à Paris.

Gao Xingjian et moi le samedi (8-IX-2018) près de la maison de Jean Cocteau à Paris. (Photo amateur). 
***
Gao Xingjian
(de 78 ans)
en chinois : 高行健 ;
en pinyin  : Gāo Xíngjiàn,
né le 4 janvier 1940
à Ganzhou en Chine,
est un écrivain,
dramaturge,
metteur en scène et
peintre français d’origine chinoise
Prix Nobel de littérature en 2000.
  •  1990: « LaMontagne de l’âme ».
  • 1999:  « Le Livre d’un homme seul ».
***
Souvent il est représenté par cette photo
(de son père?):
Description de l'image Gao Xingjian Galerie Simoncini Luxembourg.jpg.

Né à Laval le 8 septembre 1873 ALFRED JARRY.

 

« Une bonne année pataphysique 146 à toutes & à tous, et un agréable voyage au sein des univers supplémentaires à celui-ci »:   Michel & Ursula Monnier¡

 

 

 

Feliz 145 cumpleaños de jarryesco! (de Alfred Jarry)

 

etc;

 

 

Alfred Jarry, né à Laval le 8 septembre 1873 et occulté à Paris le 1ᵉʳ novembre 1907.

Le calendrier pataphysique a été inspiré par Alfred Jarry, inventeur de la ‘Pataphysique et créateur du Docteur Faustroll.

Le premier calendrier  publié par  Jarry  dans L’Almanach du Père Ubu, illustré  s’intitulait alors « calendrier du Père Ubu », mais il montrait déjà une volonté de marquer pataphysiquement chaque jour de l’année. Jarry en fit une deuxième version pour L’Almanach illustré du Père Ubu, mais ce n’est que bien après sa mort, survenue, que le calendrier pataphysique entra en vigueur. Ce fut en 1948  :

« (…)L’ère ’Pataphysique commence le 8 septembre 1873, qui d’ores en avant prend la dénomination de 1er du mois Absolu An 1 E.P. (Ère ’Pataphysique), et à partir de quoi l’ordre des 13 mois (douze de 28 jours et un de 29) du Calendrier ’Pataphysique est fixé comme suit » Collège de ‘Pataphysique  :
  1. Absolu (du 8 septembre eu 5 octobre), soit 28 jours (ce mois inclut l’équinoxe d’automne de l’hémisphère nord, le plus souvent le 14 Absolu ou 21 septembre, ou le lendemain, certaines années la veille, voire le surlendemain) ;
  2. Haha,  soit 28 jours ;
  3. As, soit 28 jours ;
  4. Sable, soit 28 jours (ce mois inclut le solstice d’hiver de l’hémisphère nord, le plus souvent le 21 Sable ou 21 décembre) ;
  5. Décervelage , soit 28 jours ;
  6. Gueules , soit 28 jours (ou 29 jours les années bissextiles, dont le dernier jour ajouté hors-semaine est appelé « hunyadi gras ») ;
  7. Pédale , soit 28 jours (ce mois inclut l’équinoxe de printemps de l’hémisphère nord, le plus souvent le 26 Pédale ou 20 mars) ;
  8. Clinamen , soit 28 jours ;
  9. Paloti, soit 28 jours ;
  10. Merdre , soit 28 jours ;
  11. Gidouille, soit 29 jours (ce mois inclut le solstice  d’été de l’hémisphère nord, le plus souvent le 7 Gidouille ou 21 juin, ainsi que le dernier jour ajouté hors-semaine appelé « hunyadi ») ;
  12. Tatane , soit 28 jours (ce mois débute le jour coïncidant avec la célébration de la prise de la Bastille, de la fête de la Fédération ou de l’actuelle fête nationale française) ;
  13. Phalle, soit 28 jours

 

Amélie Nothomb: des prix et des non-prix du roi Joseph d’Aragon…

J’aime les romans d’Amélie Nothomb depuis toujours. Incroyable!? Si on sème l’effervescence on récolte des éblouissements.

Même ses romans  qui s’inspirent beaucoup  d’Homére et de  l’irremplaçable satrape Simon Leys. En réalité,  écrit-on pour garder le silence?

Si des jurés donnent  un prix : ils  mentent  ou se fourvoient.  Leurs décisions révèlent  leurs faiblesses.

À l’époque des « yé-yés »  Jean-Edern Hallier m’avait nommé « rédacteur » de « L’Idiot International » avec une demi-douzaine de  personnes (occultées ou vivantes) aussi présentes que moi à la rédaction:  par exemple Andy Warhol; notamment  Sapho, Francis Szpiner, Jean Baudrillard, Olivier Poivre d’Arvor, Edward Limonov,  Benoît Dutreurtre…et même le roi Joseph d’Aragon.  « L’Idiot International » était un journal   fondé en octobre 1969 . Je crois qu’il était  patronné à ses débuts par Simone de Beauvoir et largement financé par la mécène Silvina Boissonnas. Celui qui cesse d’inventer recule.

Hallier habitait place des Vosges. Il ne m’a convoqué chez lui pour affaire « très urgente » que  trois fois. La première:  il voulait que je l’accompagne en Afghanistan. Ou peut-être au  Koweït. Sans suite. La troisième,  pour créer le prix du roman « qui allait supplanter le Goncourt »: leur  loi.  J’étais ravi. Puisque j’avais une candidate. Deja?  Oui!: Amélie Nothomb . Aucune loi n’est charmante ni cool . 

En effet, le premier et dernier prix du roman de « L’Idiot International » lui a été attribué!   La discipline de Nothomb est-elle toxique? 

 

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De son côté le « Premio Leteo », à mon avis, est  le plus « endiablado » des prix espagnols.  Kundera, et je le regrette, n’a jamais voulu l’accepter, pas plus que le prestigieux « Princesa de Asturias »  (ex-« Príncipe de Asturias »). En réalité il refuse  les prix. Il  a toujours raison. Il a le droit plénipotentiaire de désintégrer toute planification et d’inventer son propre rythme 

En 2005 Houellebcq et   Nothomb en 2006 ont reçu le Leteo. Ce qui m’a valu un voyage assez trépidant  conduit par   Houellebecq et dorloté par son inoubliable corgie  « Clément » à mes pieds.

Je crois que les éditeurs, décideurs et publicistes de Nothomb et de Houellebecq   n’ont  jamais parlé de ces deux premiers prix; donc il ne sont même pas sur  Wikipedia.  Les jugent-ils (sans raison)  trop paniques?

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Je ne suis que le ‘promoteur insigne’ du Collège de ‘Pataphysique. Je n’ai  donc aucun pouvoir. Lorsque j’ai distribué des « ordres », pataphysiques, par exemple à Louise Bourgeois, Oskar Niemeyer ou Benoît Mandelbroot chez eux , je n’étais que mandaté par le  Collège. Lorsqu’il  refuse une de mes propositions, le Collège me dit : « Vous avez raison, Untel  est l’auteur d’une grande oeuvre… mais malheuresement elle n’est pas pataphysique ». Oui, quand rien résout tout. 

 

‘En español y en francés’: Deuxième (« et dernier »;  bien sûr) récit  inédit et apocryphe de Jorge Luis  Borges écrit par Fernando Arrabal.

 

Deuxième (« et dernier »;  bien sûr) récit  inédit et apocryphe de Jorge Luis  Borges écrit par Fernando Arrabal  (en español y en francés).

JORGE Francisco Isidoro LUIS BORGES  Acevedo  est né précisément  le 14 phalle de l’an 26 de l’Ère ‘Pataphysique  (24 août  1899,v)  à Buenos Aires, Argentine,  et  il  s’est    occulté le  28 merdre de l’an 113 de l’Ère ‘Pataphysique (14 juin  1986,v) à Genève Suisse;

…quelques semaines avant  son occultation j’ai réalisé avec lui mon septième -et dernier-  long-métrage: « Jorge Luis Borges une vie de poésie » (…en espagnol et en français)

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EL TRIUNFO DE UN ARRIBISTA

(Segundo y último relato inédito y apócrifo de Jorge Luis Borges escrito por  Fernando Arrabal)

 

En el colegio Calvino de Ginebra, donde estudié el bachillerato, comprendí que los fanatismos que más debemos temer son aquellos que pueden confundirse con la tolerancia. Durante aquellos cuatro años en los cuales viví a la luz de la hoguera que quemó vivo al médico Miguel Servet en 1553 sentí un aborrecimiento por Calvino, el verdugo, tan irracional como la pasión que concebí por su víctima, Servet. Setenta años después, pero aún con estelas de aquella dicotomía de adolescente en mi mente, conocí a la investigadora del Instituto, Sophie Kelly. Tenía escasamente 35 años; era flaca, pálida, indiferente, trémula y disciplinada. No se daba con nadie; pensaba que la Historia había seguido un proceso esencialmente fútil y que el mundo era un reflejo lateral y perdido de la célula que examinaba en su microscopio.

Georges Maréchal  era un triste compadrito desembarcado en el Instituto en 1960 sin más virtud que la infatuación de su arribismo. Nadie sin embargo le acusó nunca de soberbia ni de misantropía, y menos aún de locura, cuando, fiel a su maniaca voluntad de prosperar, le vieron en 20 años pasar de recadero a director, Que este advenedizo internado en los laberintos de la administración pudiera recibir el Premio Nobel parecía de antemano imposible. Toda su vida fue un fraude. No fue ni un traidor ni un parásito, sino un funcionario que sin haber pegado nunca su ojo a la lente de un microscopio se convirtió en un falso experto en biología.

 

Cuando se supo que había aparecido un virus que destruía las células necesarias a la inmunidad del organismo humano, todos los institutos del mundo trataron, en mil y una noches secretas, de localizar aquel escondido agente más mortífero que la navaja o el combate contra el tigre.

 

George Maréchal confió a Sophie Kelly la misión de hallar este virus. Intuyó en ella una indiferencia que parecía regida por el azar y que hacía de su investigación un insípido y laborioso juego en el cual el triunfo sólo sería una chispa surgida de un fuego fatuo.

La investigación biológica se hacía en un número indefinido y tal vez infinito de institutos diseminados por el mundo. Todos comunicaban entre sí por angostos sistemas de información concertados con una máquina cercada por una baranda en la cual se encontraba la memoria. Cada instituto disponía además de un horno que incineraba todos los desperdicios y que comunicaba con una alta chimenea, que algunos imaginaban tan solitaria en el paisaje como si les señalara el destino.

Hacía varios siglos el grupo de sabios y alquimistas (nombre con los cuales se conocía entonces a los investigadores) que formaban la Secta del Ardor afirmó que toda las formas de vida y de enfermedad se hallaban irremediablemente en las infinitas probetas que poblaban los laboratorios de los monasterios. Los sabios de la secta sabían que su trabajo era eterno y quizás atroz: pronto vieron que cuando encontraban la probeta capaz de combatir definitivamente una enfermedad, ésta era suplantada por otra peor. Previeron así el destino de la peste, el tifus, el cólera, la tuberculosis, el cáncer… Creían que Rueda Fortuna disponía de un laberinto de laberintos que abarcaba no sólo el presente y el pasado, sino el porvenir,y 7y7 y 24x24h. Aquellas creencias fueron olvidadas. No obstante, George Maréchal mandó quemar en el incinerador del Instituto todos los restos escritos de la secta por estimarlos pesimistas y disolventes.

George Maréchal  administraba su Instituto sin buscar la verdad y ni siquiera la verosimilitud; sólo quería triunfar. Juzgaba que el éxito social era una rama de la ciencia ficción y que los investigadores encerrados en sus laboratorios como Sophie Kelly  -con los que no tenía contacto apenas- buscaban infatigablemente sin saber que la Ciencia es la escritura que han creado los dioses menores para entenderse con los diablos.

Antes de que llegara al Instituto Sophie Kelly, unos investigadores inspirados por el surrealismo y Trotsky pero que paradójicamente se consideraban sucesores de la antigua Secta del Ardor afirmaron que el hombre había sido forjado por el azar y que todo cuerpo vivo, desde la célula del corazón hasta el bacilo de Koch, estaba formado por los mismos elementos (carbono, nitrógeno, oxígeno e hidrógeno) combinados infinitamente. También aseguraron que, desde el más microscópico virus hasta la célula humana, todo cuerpo disponía de su propia sabiduría. Esta sabiduría decían que estaba encerrada en un laberinto en forma de escalera de caracol. Escalera creada por infinitos peldaños cuya materia esta formada por cuatro únicas bases (A, T, C y G: ademina, tinina, citosina y guanina) perversamente repetidas. La singular manera con la cual cada ser vivo combinaba estas cuatro bases lo llamaron el código genético. Profesaron que no había dos códigos genéticos idénticos y arbitrariamente llamaron al conjunto gigantesco de todos los códigos genéticos conocidos el Repertorio.

La idea sorprendente de Sophie Kelly  para hallar el virus responsable de la epidemia fue la de abandonar la investigación pura y la observación microscópica a fin de consultar el Repertorio. A George Maréchal, que se oponía a este método, Sophie Kelly  le escribió que no había problema científico cuya elocuente solución no existiera en el Repertorio.

Abandonando su laboratorio de virología, Sophie Kelly , como una peregrina, salió a la búsqueda del código en el infinito Repertorio, sabiendo que el azar es más luminoso que la ciencia.

Fue en una noche iluminada por el resplandor de unos fuegos artificiales cuando Sophie Kelly  descubrió el virus en las páginas VAL del Repertorio. Cuando George Maréchal  se hubo asegurado que no había comunicado a nadie su descubrimiento, la estranguló y luego arrojó su cuerpo y sus notas (tras copiarlas) al incinerador del Instituto.

Un año después, un telegrama anunció a George Maréchal  que había ganado el Premio Nobel por su descubrimiento del virus. Tuvo la impresión de que le anunciaban que era otro. Y que quizás Sophie Kelly era de algún modo él mismo. Pero a aquella desaforada esperanza sucedió una depresión excesiva que detuvo su corazón.

El final de esta historia ya sólo es referible en parábola, puesto que sucede en el paraíso. Cabe afirmar que George Maréchal conversó con Dios, pero Éste tampoco se interesa en la ciencia que le tomó por Sophie Kelly. De la misma manera, cuatro siglos antes, para la insondable divinidad, Calvino (1) y Servet (el inquisidor y su víctima) formaban un solo ser.

 

 1). Hace 32 años (en 2018) que se ocultó  Jorge Luis Borges ; sus restos reposan en el cementerio Plain Palais, de Ginebra, junto a los de Calvino. Se eligió el lugar a causa de un árbol.

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LE TRIOMPHE  D’UN ARRIVISTE

 

Deuxième (« et dernier »;  bien sûr) récit inédit et apocryphe de Jorge Luis Borges écrit par Fernando Arrabal.

 

Au collège Calvin de Genève où j’ai étudié, j’ai compris que les fanatismes les plus à craindre sont ceux qui peuvent être confondus avec la tolérance. Durant ces quatre ans pendant lesquels j’ai vécu à la lueur des brasiers qui brûlèrent vif le médecin Michel Servet en 1553 j’ai éprouvé de la haine pour Calvin, le bourreau, aussi irrationnelle que la passion ressentie pour sa victime, Servet. Soixante-dix ans plus tard, mais encore dans le sillage de cette dichotomie d’adolescence dans mon esprit, j’ai connu la chercheuse  de l’Institut, Sophie Kelly Quentin. Elle avait à peine trente-cinq ans ; elle était maigre, pâle, indifférente, tremblante et disciplinée. Elle ne se livrait à personne ; elle pensait que l’Histoire avait suivi un processus essentiellement futile et que le monde était un reflet négligeable et perdu de la cellule qu’elle examinait au microscope.

 

Georges Maréchal  était un triste fanfaron qui avait débarqué à l’Institut en 1960 sans autre vertu que la fatuité de son arrivisme. Cependant personne ne l’avez jamais accusé d’être orgueilleux ou misanthrope, et encore moins d’être fou, lorsque, fidèle  à sa volonté maniaque de réussite, on le vit en vingt ans passer de garçon de courses à directeur. Que ce parvenu profondément engagé dans les labyrinthes de l’administration pût recevoir le prix Nobel paraissait d’avance impossible. Toute sa vie avait été une tricherie. Il n’avait été ni un traître ni un parasite, mais un fonctionnaire qui,  sans avoir jamais collé son oeil au verre d’un microscope, était devenu un faux expert en biologie. Quand on sut qu’un virus détruisait les cellules nécessaires à l’immunité de l’organisme humain, les instituts du monde entier tentèrent, pendant mille et une nuits secrètes, de localiser cet agent caché plus mortifère que le couteau ou le combat avec le tigre.

 

 

Georges Maréchal confia à Sophie Kelly la mission  de trouver ce virus. Il pressentit en elle une indifférence qui semblait régie par le hasard et qui faisait de sa recherche un jeu insipide et laborieux dans lequel la réussite ne serait qu’une étincelle jaillie d’un feu  follet .

 

La recherche scientifique se faisait dans un nombre indéfini et peut-être infini d’instituts éparpillés dans le monde. Tous communiquaient entre eux par d’étroits systèmes d’information en accord avec une machine entourée par une véranda et dans laquelle se trouvait la mémoire. Chaque institut disposait en outre d’un four qui incinérait tous les déchets et communiquait avec l’extérieur par une haute cheminée, que certains imaginaient aussi solitaire dans le paysage que si elle était désignée par le destin.

 

Il y a plusieurs siècles le groupe de savants et d’ « alchimistes »  (nom sous lequel on connaissait alors les chercheurs) qui formaient  la « secte de l’Ardeur » affirma que toutes les formes de vie et de maladie se trouvaient fatalement dans les innombrables éprouvettes qui envahissaient les laboratoires des monastères. Les savants de la secte savaient que leur travail était éternel et peut-être atroce ; bientôt ils constatèrent  que lorsqu’ils trouvaient l’éprouvette capable de combattre définitivement une maladie, celle-ci était supplantée par une autre pire. Ils purent ainsi  prévoir le destin de la peste, du  typhus, du choléra, de la tuberculose, du cancer… Ils croyaient que la « Roue de Fortune » disposait d’un labyrinthe de labyrinthes qui embrassait non seulement le présent et le passé, mais bientôt aussi l’avenir. Ces croyances furent oubliées. Cependant Georges Maréchal donna l’ordre de brûler dans l’incinérateur de l’Institut tout ce qui restait des écrits de la secte , les estimant pessimistes et  corrosifs.

 

Georges Maréchal administrait son Institut sans rechercher la vérité ni même la vraisemblance ; il voulait seulement réussir. Il jugeait que le succès social était une branche de la science-fiction et que les chercheurs enfermés dans leurs laboratoires  comme Sophie Kelly  – avec qui il n’avait presque aucun contact – œuvraient inlassablement sans savoir que la science est l’écriture qu’ont créée les dieux mineurs pour s’entendre avec les diables.

 

 

Avant l’arrivée de Sophie Kelly à l’Institut, quelques chercheurs inspirés par le surréalisme et Troski mais qui, paradoxalement, se considéraient comme les successeurs  de l’ancienne « secte de l’Ardeur », affirmèrent que l’homme avait été créé par le hasard et que tout corps vivant, depuis la cellule du cœur jusqu’au bacille de Koch, était constitué des mêmes éléments : carbone, nitrogène, oxygène et hydrogène, en des combinaisons infinies. De même ils assurèrent que depuis le plus microscopique virus jusqu’à la cellule humaine, tout corps disposait d’un savoir propre. Ce savoir disait qu’il était enfermé dans un labyrinthe en forme d’escalier en colimaçon. Escalier constitué par une infinité de marches dont la matière n’était formée que par quatre bases nucléiques (a-t-c-g : adénine, thymine, cytosine et guanine) perversement répétées… La façon particulière dont chaque être vivant combinait ces quatre bases, ils la nommèrent code génétique. Ils professèrent qu’il n’y avait pas deux codes génétiques identiques et arbitrairement ils nommèrent le gigantesque ensemble de tous les codes génétiques le Répertoire.

 

 

 

L’idée surprenante de Sophie Kelly pour trouver le virus responsable de l’épidémie  fut d’abandonner la recherche pure et l’observation au microscope afin de consulter le Répertoire. À Georges  Maréchal qui s’opposait à cette méthode, Sophie Kelly écrivit qu’il n’existait pas de problème scientifique dont on ne puisse trouver l’éloquente solution dans l’infini Répertoire, sachant que le hasard est plus éclairant que la  science.

 

 

Ce fut au cours d’une nuit illuminée par l’éclat de feux d’artifice que Sophie Kelly découvrit le virus dans les pages « VAL » du Répertoire. Quand Georges Maréchal se fut assuré qu’elle n’avait communiqué à personne sa découverte, il l’étrangla puis jeta son corps et ses notes (après les avoir recopiées) dans l’incinérateur de l’Institut.

 

Un an plus tard, un télégramme lui apprit qu’on lui décernait le prix Nobel pour sa découverte du virus. Il eut l’impression qu’on lui annonçait qu’il était quelqu’un d’autre. Et que peut-être Sophie Kelly était lui-même, en quelque sorte. Mais à cet immense espoir succéda une trop violente dépression qui provoqua un arrêt du cœur.

 

La fin de ce récit  ne peut être rapportée qu’en parabole, car elle se déroule au paradis. On peut affirmer que Georges Maréchal s’entretint avec Dieu, mais Celui-ci s’intéresse si peu à la science qu’il le prit pour Sophie Kelly. De même, quatre siècles auparavant, pour l’insondable divinité, Calvin[1] et Servet (l’inquisiteur et sa victime) ne formèrent-ils qu’un seul être ?

Fernando Arrabal

 

[1] Il y a trente-deux ans que Jorge Luis Borges s’est occulté (en 1986) ; ses restes reposent au cimetière Plain Palais à Genève, près de ceux de Calvin. L’endroit a été choisi à cause d’un arbre.

 Six pièces d’ARRABAL à Séoul (traduction coréenne de Mira KIM).

La production théâtrale coréenne
“Fantasy group”
dans la traduction de   Mira KIM
 représentent
à Séoul
six pièces d’ARRABAL
mises-en scène par deux directeurs:
 
L’Architecte et l’Empereur d’Assyrie, 
Guernica,
Le Labyrinthe, 
La Bicyclette du condamné, 
Le Jardin des Délices
et Cérémonie pour un Noir assassiné 
 
comme suite au  Festival d’Arrabal,
« Théâtre de l’absurde“ 
et des  théâtres de Seoul qui  représentent  d’autres pièces d’Arrabal.