David Hamilton et Fernando Arrabal au Restaurant Joséphine Chez Dumonet,

arrabal Hamilton

David Hamilton et Fernando Arrabal (Photo de Ante Glibota)

au Restaurant Joséphine Chez Dumonet,

117 Rue du Cherche-Midi, 75006 Paris

« À la terrasse David Hamilton a fumé un ‘habano Partag

s  »

« …  fuman el puro con la vitola dándole al habano (tabaco en Cuba, puro en España) un gusto de papel,  los   que   quieren  presumir del cigarro de marca que  están fumando. Muchas  fotos del « Che » (« ministro de justicia » con penas de muerte constantes y juicios sumarísimos)  lo muestran con un habano  en la boca o entre los dedos. Su «vicio» fue tardío y sólo se entregó a las delicias del habano en los últimos diez años de su vida (1957-1967). En 1957, en  la Sierra Maestra,  descubrió el placer que procura un buen habano. Consideraba al habano como otro don del cielo, junto al mate argentino. Se le veía con un Partagás o un H. Upmann encendido, fumaba tres o cuatro cada día. «Era su único vicio». [Jean Cormiera, L’Amateur de Cigare.] Cuando era ministro de Justicia de la tiranía cubana,  le advirtieron que fumar era malo para el asma. «Te hace daño, no fumes. Cuba te necesita sano». «Bueno, solo fumaré un habano al día», contestó el Che. Y al día siguiente recibió a sus colaboradores con un habano… de un metro de largo. El Cohiba nació en 1966. Fue el propio terrrorista Guevara, quien, también popularizo después del tirano  Fidel Castro el tabaco que se iba a llamar Cohiba, primera marca de habanos de la dictadura . Ya que el nombre fue escogido sólo en 1966 por Celia Sánchez, una de las pocas mujeres de la Sierra Maestra y que se quedó como principal asistente del dictador  Fidel Castro. Antes, estos puros no tenían marca ni anillo (vitola) se llamaban «los puros del Comandante». El tirano  había descubierto por casualidad la excelencia de este nuevo módulo un día de 1963 (probablemente a principios del 63) en su lujoso Oldsmobile  por la Quinta Avenida. Acababa de recibirlo de parte de Chicho, implacable sabueso de su escolta y   conocedor. «Nunca antes en mi vida había fumado nada mejor», tuvo la oportunidad de decir más tarde el Che cuando estos tabacos se hicieron los preferidos de los dirigrntes de la nomenkatura castrista. Fidel Castro se los ofrecía a sus ministros y el Che fue uno de los primeros beneficiarios. Actualmente, se producen y se venden en Cuba y en el mundo entero un promedio anual de 150 millones de unidades de habanos. En noviembre de 1966, cuando Regis Debray, alias Danton, se sumó secretamente al grupo terrorista de Bolivia con dos cajas de ‘Churchill’ , es decir, 50 gruesos vegueros.  Eran los futuros Cohiba. En 1965  el Che  recibió en el Congo belga paquetes de libros, medicamentos y… habanos expedidos desde La Habana. Fidel Castro terminó de una vez por todas con todo tabaco en 1985. Antes fumaba varios lanceros  cada día. De vez en cuando el tirano Fidel mostraba con orgullo la medalla que le había otorgado la OMS (Organización Mundial de la Salud) de Ginebra por dejar de fumar.  En 1960, a Jean Paul Sartre,  fumador empedernido de cigarrillos, lo recibe oficialmente el Che. Son las doce de la noche, el encuentro tiene lugar en el gran salón de la presidencia de la tiranía. En la foto tomada por Korda, se ve a Sartre, con traje y corbata negra, sentado en un sofá de cuero, ligeramente inclinado hacia adelante, con un puro sin anillo (vitola) entre el índice y el mayor de la mano derecha. Parece torpe, con los dedos demasiado cerca de los labios. Frente a él, el Che está sentado en una butaca y tiende hacia Sartre la llama de un grueso encendedor de mesa, tipo Ronson. Podemos pensar que en este momento el Che tuvo la amabilidad de no decirle a Sartre que un puro no se debe encender dirigido hacia abajo. Según  Jaime Sarusky, «Sartre agarraba el tabaco con timidez, por no decir con miedo, como si intentara adaptarse a esa nueva experiencia, muy diferente de la de fumar cigarrillos, que más que tomar entre los dedos daba la sensación de que los abrazaba».  A Fidel Castro le intrigaron los gruesos cigarrillos, fumados por Sartre ( sus famosos Boyard ) y le pidió probarlos. Intercambiaron tabacos de distinto tipo y fumaron a gusto.  Jean Paul Sartre fue probablemente el primer francés en fumar habanos con los dos verdugos de la dictadura cubana: Fidel  Castro y  Che Guevara.  Ya desde el 63 «el puro de Fidel» era excelente. Los expertos cubanos se dedicaron, en el curso de los años, a mejorarlo cada vez más. El ‘Amateur de cigare’ escribe entre otras cosas  sobre este Lancero:  «tiene indiscutiblemente una facha loca (…) Se saborea con los ojos cerrados». Es obviamente para conocedores, para aficionados confirmados y eso desde hace 44 años, desde su primera versión. A la cuestión de saber si Fidel Castro, engañándoles como siempre,  ofreciera otros tipos de habanos  a las personalidades que venían a Cuba o a las que expedía cajas de estos tesoros, el respondió, increiblemente, que no.  El Lancero de 192 mm (cerca de 15 de diámetro) se vendía en el DiploMercado ; en aquel entonces el único lugar con la DiploTienda que vendía en peso convertible, para un puñado de privilegiados de la  nomenclatura   y  para los los millonarios extranjeros. Vale hoy en Francia entre 16 y 17 euros la unidad … Obviamente el mejor habano es y fue siempre: ‘Sancho Panza’… »

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